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Planteles: cómo entra la gente

Cargar planteles es la tarea más pesada de armar un torneo, y la que más veces se hace mal. Doce equipos de doce jugadores son ciento cuarenta y cuatro nombres con su documento, escritos por otro, en papel o en un mensaje de WhatsApp.

Todo lo de este documento existe por una sola razón: el organizador no tiene que tipear.


Tres caminos, un solo botón

En el equipo hay un botón, Cargar plantel, con tres solapas:

Cuándo se usa
🔗 Enviar link el delegado la carga él, desde su celular
📷 Subir una foto la hoja escrita a mano, que la app lee sola
📋 Pegar la lista el texto que llegó por WhatsApp

Antes eran tres botones separados en tres lugares distintos de la pantalla, y había que saber de antemano cuál servía. Ahora la pregunta es una sola —"quiero cargar el plantel"— y la forma se elige adentro.

La foto y el pegado desembocan en la misma vista previa editable, y de ahí sale una sola importación. Que el texto venga de una cámara o del portapapeles es un detalle del origen, no dos funciones.

🔗 El link al delegado

Se genera un link, se le pasa al delegado y él carga a su gente desde el celular: sin cuenta, sin contraseña, sin instalar nada. El link vence solo —desde el equipo elegís 7, 14 o 30 días; desde una inscripción son 30— y se puede dar de baja antes.

Que un link venza no borra nada. Lo que cargaron cuelga del equipo, no del link: si vencía con cinco jugadores adentro y le armás uno nuevo, esos cinco siguen ahí y el equipo sigue de donde iba. Lo único que deja de funcionar es la dirección vieja.

Anda aunque el equipo todavía no juegue en ninguna copa, que es el caso normal cuando el equipo se anotó a una inscripción y el torneo arranca en dos meses. La pantalla le dice de dónde salió en vez del nombre de una copa que todavía no existe.

Lo que el delegado carga no entra al plantel automáticamente: queda en una bandeja que el organizador revisa y suma con un botón. Puede descartar uno por uno lo que no corresponda.

Si el equipo tiene marcado un responsable con teléfono, aparece un botón que abre WhatsApp con el mensaje y el link ya escritos. Es un enlace a WhatsApp, no una integración: no hay nada que contratar ni mantener, no cuesta nada, y funciona igual en el celular que en la computadora.

Un equipo que entró por una inscripción ya viene con su responsable: es el que lo anotó, con su teléfono, cargado desde el primer día. Ver Inscripciones.

El equipo ya está en la lista antes de empezar

El que anotó al equipo aparece primero en la lista, con lo que dejó al anotarse. No es un detalle de presentación: si no se lo ve, lo natural es cargarse a uno mismo de nuevo, y el organizador termina revisando dos filas de la misma persona.

Y aparece para poder corregirse. Mientras la organización no haya revisado su ficha, la escribió él y la arregla él: el apellido que salió mal, la carrera que eligió apurado, la fecha de nacimiento que al anotarse no se le pidió, la foto. Cuando el organizador la da por buena, deja de tocarse desde el link y los cambios pasan a ser de él.

Lo único que no se puede hacer desde acá es sacarlo. Ese equipo existe porque esa persona lo anotó, y es a quien el organizador le escribe: un equipo sin nadie a quien escribirle no se puede organizar. Si no va a jugar, se le avisa al organizador.

El instituto se ve, y no se elige

Arriba del formulario está el instituto del equipo, apagado, con la regla escrita al lado: todos los que se anoten tienen que ser de ahí.

No se puede cambiar porque no es una preferencia — es la condición de la copa, y se decidió al anotar el equipo. Pero no mostrarlo no le ahorraba nada a nadie: el link se lo pasan entre compañeros, y el que lo recibe por WhatsApp no tiene por qué saber a qué está sumando gente.

Qué se le pide a cada jugador

Documento, nombre y apellido son lo único que no puede faltar. Después, si la organización dividió a su gente —carreras dentro de un instituto— se le pregunta cuál es la suya, correo y teléfono, y una foto.

La foto es siempre opcional: un plantel sin fotos es un plantel igual. Sirve para que en la cancha se sepa quién es quién, no para dejar a nadie afuera. Se puede sacar en el momento o buscar una del teléfono, y las dos hacen falta: forzar la cámara deja afuera al que carga a ocho compañeros desde su casa, que es el caso más común — la mitad de las caras ya están en la galería de alguien. Sube por su propio camino: primero entra la ficha, después la cara. Así, el que tiene mala señal igual carga el nombre.

La lista no muestra las caras de los ya cargados, solo una marca de quién ya mandó la suya. Es la misma regla que con los documentos: el link se lo pasan entre varios y puede terminar en cualquier lado. Las fotos las mira el organizador, que entró con su cuenta.

📷 La foto de la hoja

La lista escrita a mano se saca con la cámara y la app la lee sola: devuelve nombre, apellido y documento, renglón por renglón.

Está preparada para lo que trae una hoja real: varios equipos en la misma hoja, renglones tachados, anotaciones al costado como "(pechera)", DNI con puntos, y la letra de alguien apurado. Cuando no está seguro de una fila la marca con 👁 duda, para que el ojo vaya directo ahí en vez de tener que releer las doce.

La imagen se achica a 1600 px en el navegador antes de subirla. No es una optimización: sin eso, una foto de celular no entra.

📋 Pegar la lista

El texto que llegó por WhatsApp se pega tal cual. El lector entiende las formas en que la gente escribe una lista:

Juan Pérez 30111222
30111222 Juan Pérez
Pérez, Juan - 30.111.222
1) Juan Pérez  30111222  12/05/1990
Juan Pérez;30111222

Saca la numeración, el DNI escrito de cualquier forma y la fecha de nacimiento si está. Y a diferencia de la foto, no necesita internet: es instantáneo y funciona sin señal — que es la situación de un sábado en la cancha.

Lo que no puede resolver es el orden del nombre. "Juan Pérez" y "Pérez Juan" son indistinguibles sin conocer a la persona, así que asume el más común —nombre primero— y la pantalla ofrece dos arreglos: dar vuelta toda la lista de una cuando vino toda al revés, y un por fila para el caso suelto.


Nada de lo importado nace verificado

Verificado significa que alguien de la organización miró el documento físico. Ninguna importación puede otorgar eso, vengan los datos de donde vengan: el delegado escribió lo que se acordaba, la foto la leyó una máquina, el texto lo tipeó un jugador.

Por eso todo entra sin verificar, sin excepción, y verificar es un gesto aparte que se hace después, con la copa ya andando y el DNI en la mano.

Esto estuvo mal una vez: lo que se pegaba del portapapeles entraba ya verificado, por un descuido. Es el tipo de error que no se ve —los jugadores aparecen igual— y que vacía de sentido a la única marca que dice que alguien controló algo.


El DNI es el hilo

Dentro de una organización, una persona es su documento. No su nombre, que se escribe de cinco formas distintas y cambia según quién lo anote.

Cuando se importa a alguien cuyo DNI ya está en el padrón, se reusa esa persona en vez de crear una nueva: la ficha nueva se le cuelga y el historial —los partidos que jugó, sus goles, sus tarjetas, sus sanciones— la sigue. La pantalla lo avisa: "N ya estaban en el padrón y se reusó su ficha, con su historial."

Eso es lo que permite que alguien juegue en la Copa de Invierno con un equipo y en la de Verano con otro, y que su historial sea uno solo.

Y funciona al revés también: el DNI destapa lo que el nombre esconde. Al cargar los planteles femeninos apareció una jugadora cuyo documento ya existía en el padrón, anotada en un equipo del torneo masculino con el apellido cambiado por una letra. Por el nombre eran dos personas distintas; por el documento era obvio que no.

Los documentos del padrón no son públicos: cualquiera puede ver el nombre de un plantel, pero el DNI, el teléfono y el mail están cerrados a quien no tiene cuenta. Ver Accesos.


El responsable del equipo

Dentro del plantel se puede marcar a uno o varios jugadores como responsables, con teléfono y correo. Llevan una C al lado del nombre.

Es el delegado y el capitán a la vez, que en el amateur suelen ser la misma persona: el que recibe el link de precarga y a quien la organización le escribe cuando hay algo que avisar. No necesita cuenta para eso — alcanza con el teléfono.


La base de jugadores es de la organización

Un jugador vive en una organización, y su documento es único ahí adentro. El mismo DNI en dos organizaciones son dos personas distintas y no se enteran una de la otra: cada una tiene su propio padrón, su historial y sus sanciones.

Es a propósito. Dos ligas que no tienen nada que ver no deberían compartir la ficha de nadie, ni enterarse de que alguien juega en la otra.

No hay autocompletar mientras escribís. Lo que hay es otra cosa: al guardar, la app se fija si esa persona ya existe y la reutiliza en vez de duplicarla. Con eso, un jugador que pasa de un equipo a otro no pierde su historial ni sus sanciones.

Cómo se fija depende de con qué se lo carga.

A un jugador lo reconoce por el documento, que es la prueba real de que es la misma persona.

A alguien del staff, por el mail. Es la única llave de verdad que tiene: dos personas pueden llamarse igual, pero no comparten casilla. Y es la misma que después le da acceso a la app, así que no hay que pedir un dato nuevo — es el que ya se pedía para invitarlo.

El mail gana sobre el nombre cuando los dos se contradicen. Dos árbitros que se llaman igual y dejaron casillas distintas son dos personas, y antes el segundo se fusionaba con el primero: el mail decía que no eran el mismo y la app los unía igual.

Y el nombre sigue sirviendo para los que ya están cargados sin mail, que son casi todos. A esos se los reconoce por el nombre, y si en esa alta se deja un mail, les queda guardado — de ahí en adelante no hay más dudas sobre quién es quién. Solo cuando hay dos homónimos y ninguno tiene mail, la app no adivina: te dice que lo busques en la lista.


Hasta dónde puede llegar

El plantel que se completa solo. Hoy el pegado no puede saber si "Pérez Juan" está al revés. Pero el padrón de la organización sí sabe que existe un Juan Pérez, y el documento lo confirma. Cruzar lo que se está importando contra lo que ya hay convertiría varias correcciones a mano en una confirmación.

Datos propios de cada organización. El padrón guarda lo que necesita cualquier torneo. Una universidad va a querer la carrera y el instituto; una liga barrial, el barrio. Si cada organización pudiera definir sus campos como dato, esos datos entrarían por los mismos tres caminos y servirían para filtrar y agrupar sin complicarle el padrón a las demás.

La foto del jugador. El lugar para guardarla ya está previsto y no hay todavía por dónde subirla. Una planilla impresa con las caras al lado de los nombres cambia el control de identidad en la mesa.

Verificar de a muchos. Hoy se verifica de a uno. Un equipo que llega con los doce documentos en la mano debería poder resolverse en una pantalla, no en doce.

El historial que viaja entre organizaciones. Hoy el DNI es el hilo dentro de una organización. Dos organizaciones distintas tienen dos padrones separados, y eso está bien —son ligas independientes— pero es una puerta: un jugador podría llevar su ficha de una a otra si las dos lo aceptan.