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Operativo: lo que hace que se pueda jugar

Sedes, jornadas, cronograma, quién trabaja y qué hay que preparar.

Es la cara que no se ve desde afuera y es la que casi nadie más resuelve. Un torneo no se cae porque falte la tabla de posiciones: se cae porque el árbitro no llegó, porque nadie sabía en qué cancha jugaba, o porque la planilla quedó sin cargar hasta el martes.


La jornada es la unidad

No el partido, no la fecha del fixture: la jornada. Un sábado, en una sede, de tal hora a tal hora.

Esa distinción importa porque el fixture y el calendario no son lo mismo. La fecha 3 de la Copa de Oro y la fecha 5 de la Femenina pueden jugarse el mismo sábado, en el mismo predio, con el mismo árbitro yendo de una cancha a la otra. El fixture piensa por copa; el sábado piensa por sede.

Una jornada tiene:

  • Una sede y sus canchas
  • Un horario de apertura y cierre, y una duración de turno
  • Los partidos que se juegan ese día, de las copas que sean
  • Quién trabaja: un árbitro y un planillero por partido
  • Los preparativos: el checklist de lo físico

El cronograma

El sábado se dibuja como se juega: una columna por cancha, y el tiempo bajando. Cada casillero es un turno —una cancha a una hora— y en un turno entra un partido.

Antes esto era una lista con dos desplegables por partido: uno para la hora, otro para la cancha. Funcionaba, pero no se parecía a lo que uno tiene en la cabeza, y obligaba a avisar cosas que el dibujo resuelve solo. Dos partidos encimados a la misma hora en la misma cancha eran un error que había que detectar y explicar; en el dibujo, sencillamente no hay dónde ponerlos.

Debajo del último partido de cada cancha aparecen dos turnos vacíos, y un pie que dice cuántos más entran hasta el cierre. Dos y no todos: con turnos de 50 minutos y un predio abierto de 10 a 18 serían nueve cajas vacías por cancha, y nueve huecos iguales no cuentan nada.

Los huecos del medio, en cambio, se muestran todos. Si sacás el partido de las 11:20 y quedan el de las 10:30 y el de las 12:10, las 11:20 siguen ahí, esperando que toques. Antes no: los vacíos empezaban después del último partido, así que sacar el del medio hacía desaparecer el turno y la única salida era vaciar la cancha y rehacerla. Equivocarse de partido es distinto de equivocarse de horario, y ahora se arregla en un toque.

Cada cancha arranca a su hora. Al empezar a armar el día se contesta una vez: qué canchas se usan, desde qué hora arranca cada una, y cuánto dura un turno.

Nada de eso está en la configuración del predio, y es a propósito. La cancha existe todo el año; la hora a la que se arranca en ella es de este sábado. Meterlo con lo permanente obligaría a ir a otra pantalla a cambiar algo que cambia cada semana — y a acordarse de volver a dejarlo como estaba.

Con la duración del turno pasaba justamente eso. Vivía en el predio, la pantalla la mostraba al lado de la dirección como si fuera una característica del lugar, y en realidad se usaba una sola vez: al crear la primera jornada de esa sede. Después no se volvía a mirar nunca. El que la cambiaba creía estar cambiando algo, y no cambiaba nada.

El horario de apertura sí se quedó en el predio, porque sí lo describe: de 10 a 18 es cierto todo el año. Cuánto dura un partido depende de qué se juega ese día.

Ahí mismo se puede decir que una cancha es de una copa: "en la 1 juega toda la masculina". Es opcional y la mayoría de los torneos no lo usa; el que lo usa deja de tener que corregir a mano lo mismo cada sábado.

Llenar el día

Un solo botón, y una sola lista. Se tocan los partidos que entran: uno, seis, o la fecha entera con "elegir los 9". Se puede filtrar por copa y por fecha — normalmente alcanza con la fecha, pero en un torneo que se juega todo en un día lo que sirve es la copa, y las dos formas están.

Antes eran tres caminos distintos para lo mismo: un desplegable para traer una fecha completa, un formulario aparte para sumar de a uno, y nada para "estos cuatro". El que armaba el sábado tenía que elegir el camino antes de elegir los partidos, y traer una fecha dejaba a los partidos esperando en el medio: adentro de la jornada, pero sin turno.

Ahora lo elegido cae en el cronograma directamente, y el cronograma es donde se corrige, porque es donde se ve.

El otro camino es al revés: tocar un turno libre. Ahí la cancha y la hora ya están decididas, así que solo falta decir qué se juega — y se abre la misma lista, con las mismas casillas: el primero que marques cae en ese turno y los demás siguen desde ahí, cada uno en la cancha que le corresponda.

Al principio ese camino elegía de a uno: un toque y el partido quedaba puesto, sin confirmar. Era más rápido para un partido y un callejón sin salida para dos, porque tocar un hueco es lo primero que uno hace y dejaba encerrado en un modo que no podía marcar varios. Un toque de más vale menos que un modo del que hay que salir.

Cuando el sábado se atrasa

Se puede cambiar a mano la hora y la cancha de cualquier partido ya puesto, con el lápiz de su tarjeta. Pero cambiar una hora no alcanza cuando lo que se atrasó es el día: en una cancha los partidos van en fila, así que correr el de las 11:20 a las 11:40 se pisa con el de las 12:10.

Antes eso terminaba en un cartel que decía "esa cancha ya tiene un partido a las 12:10 · corré el horario" — el error te mandaba a hacer a mano, uno por uno, exactamente lo que acababas de pedir.

Ahora, cuando el horario nuevo pisa a los que vienen atrás, aparece el botón que resuelve el caso entero: correr este y los que siguen, los mismos minutos. Es lo que significa un atraso.

Se corre por cancha, no por día, porque la fila es de la cancha: que la Cancha 1 vaya veinte minutos tarde no atrasa a la Cancha 2, que tiene su propia fila. Si se atrasó todo el predio, se corre desde el primero de cada cancha.

Lo ya jugado no se mueve: su horario es un hecho, no un plan. Y si algo queda después del cierre de la jornada, o arrastra a un árbitro encima de otro compromiso suyo, se avisa — pero no se frena, porque el que está parado en el predio sabe algo que la app no.

Cómo decide dónde cae cada uno

Al sumar varios, la app los acomoda sola. Mira tres cosas:

  • Las canchas del día y la hora a la que arranca cada una. Si una cancha es de una copa, solo recibe partidos de esa copa.
  • Lo que ya está puesto. Un turno ocupado no se pisa.
  • Los pedidos de los equipos.

Un equipo puede pedir horario. Cada equipo tiene una franja —"no podemos antes de las 14"— y el reparto la respeta. No es un capricho: en el amateur la gente trabaja, y un torneo que programa sin escuchar eso pierde equipos.

El que tiene que irse temprano se ubica primero, y eso no es un detalle de orden: un equipo que solo puede hasta las 12 entra en dos turnos, y uno sin pedidos entra en todos. Si se reparte primero al que no tiene apuro, se queda con el único turno que el otro podía usar.

Si algo no entra —no queda turno libre antes del cierre— la app lo dice y lo deja afuera, en vez de meterlo encimado.

Los choques

Cuando alguien está designado en dos partidos que se pisan, la app lo avisa. Y lo avisa desde las dos puertas:

  • al designar a alguien, mirando sus otros partidos
  • al mover un partido de horario, mirando a quién arrastra

Poner la regla solo al designar es lo intuitivo, y es insuficiente. El sábado a la mañana lo que más se toca son los horarios, no las designaciones. Se cambia un partido de las 10 a las 12 y el árbitro, que viaja pegado a ese partido, aterriza encima de otro compromiso suyo sin que nadie diga nada.

También existe avisar que no se llega: alguien del staff puede marcar que ese día no está disponible antes o después de tal hora, y eso aparece al designar.


Quién trabaja

El padrón de personal de la organización es la lista de gente: su ficha, sus marcas de trabajo (árbitro, planillero) y su acceso a la app.

Dos cosas que se confunden y no son lo mismo:

La designación no necesita cuenta. Un árbitro se designa, dirige y cobra sin tener usuario. La cuenta le agrega poder ver su agenda en su panel y dejar su reporte del partido. Lo mismo el planillero: se lo puede designar sin cuenta, y la planilla la carga otro.

El rol no es la designación. El rol le da a alguien la puerta de entrada a la app; la designación en un partido le da el sábado. Ver Accesos.

El progreso de la jornada

Una jornada tiene un porcentaje de preparación, y se calcula con dos bloques del mismo peso: designar a quien trabaja, y tener listo lo físico.

Tres decisiones que hacen que ese número signifique algo:

El cronograma no entra en la cuenta, aunque se informe al lado. La app no puede saber si está completo: que la jornada tenga 16 turnos no significa que se jueguen 16 partidos, y un sábado con dos puede estar perfectamente armado. Medir turnos ocupados haría que una jornada normal nunca llegue al 100%.

Un bloque que no aplica no cuenta. Una copa puede decir en su reglamento que no lleva árbitro; exigírselo clavaría la barra abajo del 100% para siempre. Lo mismo una organización que no cargó checklist.

El mismo número en las tres pantallas. El porcentaje de la portada de la organización, el del panel y el del pulso salen del mismo cálculo. Dos pantallas que dicen números distintos de lo mismo no se creen.


Los partidos que quedaron debiendo

Postergar un partido lo saca del cronograma: suelta el día, la hora y la cancha, y libera el turno para otra cosa. Para eso se posterga — lo que no se va a jugar no puede seguir ocupando una cancha y un planillero.

El problema es lo que pasa después. Un partido postergado no está en ninguna jornada, así que no aparece en el sábado que viene ni en el que pasó: queda en su fecha del fixture, marcado, esperando que alguien se acuerde. Y nadie se acuerda.

Por eso el panel operativo avisa. Arriba de las jornadas anteriores aparece cuántos hay y cuáles son, agrupados por copa. La pregunta que contesta ese panel es "¿qué tengo pendiente?", y un partido que se debe es exactamente eso.

Volver a ponerlo en juego son dos caminos, y el aviso los dice los dos: sumarlo al cronograma de un sábado —en esa lista los postergados salen primero— o despostergarlo desde el fixture de su copa, que lo deja programado y sin día hasta que un cronograma se lo dé.


Los preparativos

Un checklist propio de cada organización —las pecheras, las pelotas, el botiquín, las llaves del vestuario— que se marca jornada por jornada.

Es deliberadamente una lista libre y no un catálogo nuestro: cada predio tiene sus cosas, y una lista cerrada obliga a la mitad a usar "otros".


Las planillas impresas

La hoja que se lleva a la mesa. Una por partido, con los dos planteles, los casilleros para goles y tarjetas, y quién arbitra.

Sigue el reglamento de cada copa. Si la copa registra tarjeta azul, aparece la columna; si no, no ocupa lugar. Si no lleva árbitro, no aparece el renglón para su nombre.

La figura del partido es la excepción a esa regla, a propósito: es una línea al pie y no una columna, porque solo puede ser un jugador y una columna entera para marcar una cruz es desperdiciar el ancho que necesitan los nombres.

Se puede imprimir o descargar como PDF. El PDF sale sin la URL en el pie, que es lo que agrega el navegador al "imprimir a PDF" y lo que delata que la hoja no salió de un sistema.

El fixture del día lleva arriba cómo se llama lo que se juega: "Fecha 3", o "Semifinales" cuando el sábado es de fase final. Antes anunciaba el número de la fecha, y en un cuadro ese número es la ronda — los cuartos son la "fecha 1" del cuadro, igual que la primera fecha de los grupos, así que un sábado de semifinales salía anunciado como "FECHA N° 1". Si las copas no están en la misma instancia, no dice nada: un solo rótulo mentiría sobre la mitad.

Qué se lleva impreso

Antes de imprimir hay una barra que dice "Qué se imprime", y ahí se tilda lo que va a salir: horarios del día, planillas, sancionados, fixture, resultados de la vez pasada, posiciones y ranking de clasificación.

No es un diálogo que pregunta y después dibuja. Se desmarca algo y desaparece de la vista previa que está abajo. La pregunta "¿qué quiero imprimir?" se contesta mucho mejor viendo lo que sale que leyendo una lista de nombres.

La elección queda guardada para la próxima jornada. Un organizador imprime lo mismo todos los sábados: volver a preguntarle cada vez sería tratarlo como si no supiera lo que quiere. Se guarda en la organización y no en el navegador, así que vale igual desde la computadora del club que desde la notebook que alguien lleva a la cancha.

Lo que no se pide no se dibuja: una imagen destildada ni siquiera se le pide al servidor, que es lo que hacía lenta una impresión de la que sobraba la mitad.

El ranking de clasificación arranca sin tildar — es el último en llegar y el que menos sábados hace falta, y una hoja de más sorprende peor que una de menos. Y no se ofrece en copas de una sola zona, donde sería la misma tabla de posiciones impresa dos veces.

Detrás de las planillas van las hojas para pegar en la cartelera: el fixture del día, la tabla de posiciones de cada copa, y los resultados de la vez pasada.

Esa última es la del día anterior de competencia, no la de la última fecha de la fase regular. La diferencia aparece cuando empieza la fase final: al lado de las planillas de las semifinales tiene que estar lo que pasó en los cuartos, y no la fecha 3 de los grupos congelada ahí por el resto de la copa. Se busca por copa y hacia atrás, salteándose los sábados en que esa copa no jugó.

Cuando no hay nada atrás —la primera jornada del torneo— la hoja no sale. Antes salía igual, en blanco y con el ícono de imagen rota en el medio.


Cuándo una planilla está atrasada

Cuando el partido terminó y sigue sin cargarse. No cuando empezó.

La app no sabe cuándo termina un partido de verdad: nadie marca el pitazo final, y pedirle ese botón a alguien que está en la cancha es pedir de más. Lo que sí hay es la duración del turno de ese día, la misma con la que el cronograma reparte los horarios. Es una estimación, y es la mejor disponible: el partido de las 15:00 pasa a estar atrasado a las 16:00.

Antes la regla era "ya pasó su hora de comienzo", así que un partido aparecía como trabajo atrasado a las 15:01, cuando recién rodaba la pelota.


Hasta dónde puede llegar

La llegada de los equipos. Marcar quién llegó, desde la mesa o desde el celular del delegado. A la hora del partido más la tolerancia del reglamento, si un equipo no está, la app lo señala y ofrece la incomparecencia con el marcador ya configurado — que hoy hay que decidir y cargar a mano.

Suspender una jornada. Llueve el sábado a las 8 y hay que avisarle a doce equipos, reprogramar diez partidos y liberar las canchas. Hoy eso es todo a mano.

La liquidación del staff. La app ya sabe quién dirigió cuántos partidos y cuáles. De ahí a cuánto se le debe a cada uno hay un paso, y es un paso que hoy alguien da con una calculadora.

El resumen del lunes. Lo que pasó el sábado —resultados, tarjetas, sanciones nuevas, lo que reportaron los árbitros— en una sola pantalla, en vez de reconstruirlo entrando partido por partido.

Que el reparto también esquive los choques de quien trabaja. Hoy acomoda mirando las canchas, los turnos ocupados y los pedidos de los equipos; los choques de un árbitro designado en dos partidos que se pisan los avisa después, no los evita antes. La pieza que falta es mirarlos al momento de repartir.

Deshacer un reparto. Se puede vaciar el día entero de un toque, pero no volver atrás la última tanda que se sumó.

Turnos de distinto largo en el mismo día. Hoy el turno dura lo mismo en todas las canchas. Si en una se juega fútbol 8 a treinta minutos por tiempo y en la otra fútbol 5 a veinte, la app las mide con la misma vara — y no solo al dibujar: también al calcular si un árbitro se pisa entre dos partidos, donde hoy usa un solo número para los dos. El lugar donde va a ir ese dato ya existe: es el carril, que es "una cancha, desde tal hora".

Una cancha que se parte en dos. Un fútbol 8 que a las 15 se convierte en dos canchas de fútbol 5. Sería un segundo carril sobre el mismo espacio, con su propia ventana de horas — la misma pieza que la anterior, usada de otra forma.

Que el árbitro sin cuenta también reciba lo suyo. Hoy su agenda vive en su panel, y para eso necesita cuenta. Un WhatsApp con sus designaciones del sábado —igual que el link de precarga al delegado— llegaría a todos.